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S5 J. RANCIÉRE "EL ESPECTADOR EMANCIPADO"


En esta obra de Ranciére se inicia con la translación del concepto sobre el maestro ignorante aplicado al campo del arte, en este caso el espectáculo en el teatro. Según el autor, el maestro es ignorante no en cuanto a su propio conocimiento sobre un tema “x” , si no más bien del resultado final del proceso de aprendizaje del alumno (o mejor dicho, como el alumno aprehenderá al final del recorrido pedagógico). En otras palabras, el maestro es ignorante con respecto a lo que el alumno llegará a saber. Así como se presenta esta relación entre alumno/maestro, el autor nos plantea que dicha relación es análoga a la del teatro y el público (o espectador). Parafraseando lo anterior, el director de una obra no tiene certeza a priori del conocimiento o la re-interpretación que hará el espectador con aquello que se le muestra en tal pieza teatral. Esto se debe a que el espectador posee un filtro de “aprendizaje” (o de aprehención sensible), consciente o inconscientemente, de tal manera que aquello que reciban sus sentidos es re-ordenado y reinterpretado, por ende aquello que conserva el espectador es distinto a aquello que muestra la obra. 

Guy Debord tomó una posición similar a la de Platón con respecto a la idea del espectáculo: ambos lo consideran como un mal, ya que idealmente la representación que parte de nuestro mundo no es más que la apariencia de una apariencia, que paulatinamente se aleja del mundo ideal (el hiperuranio según Platón). Es por eso que Debord afirma que “mientras más se contempla, menos se es”. De manera trágica, este autor nos dice que el espectador observa la realidad que le ha sido arrebatada, y compara esta pérdida como la revolución fallida del proletariado durante los primeros años del siglo XX. 

Ranciére presenta la visión sobre el teatro y espectador según dos perspectivas, que tienen en común la no-pasividad del espectador. Por un lado tenemos a Brecht, el cual nos dice que el espectador debe tomar distancia de la obra presentada y no debe de identificarse con ninguno de los personajes caracterizados. De tal manera Brecht plantea una visión extremamente racional y analítica sobre la relación obra/espectador. Por otro lado esta Artaud, el cual plantea que el teatro es el “Teatro de la Crueldad” no por el contenido, si no por la cercanía de la experiencia emotiva de los personajes de la obra y los espectadores. Esta persectiva es opuesta a lo racional, es puramente sensorial, es de cuerpo a cuerpo. Ambos autores abogan por la emancipación del espectador con respecto al espectáculo. 






“La idea de creer que la pasividad del espectador es producto de la mirada que ejerce en contraposición a la acción del ejecutante, es probablemente una mitificación que no toma en cuenta que en el proceso de mirar también hay acción. El espectador: «observa, selecciona, compara, interpreta» (19), decide qué hacer con lo que tiene adelante y de qué forma eso se relaciona con su vida. El artista presupone la identidad de la causa y el efecto, admite como suyo el trabajo de recepción de la obra. El creador, aunque no sepa lo que debe mostrar, sabe que debe sacar de su pasividad al espectador, para que este produzca una re-acción con la performance vista.”

“No hay teatro sin espectador”


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